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Los Campus de Excelencia y el futuro de la UdG: una visión estratégica


La Universidad vive una época de cambios que van más allá de  la implantación de un nuevo modelo de enseñanza superior europea  y que obliga a una modernización y adaptación constantes a una sociedad profundamente transformada en la última década.

Recientemente hemos sabido que esta transformación estará fuertemente condicionada por la complicada situación económica actual, con un escenario de financiación fuertemente restrictivo. Además de estas transformaciones, las universidades han competido duramente entre ellas con la aparición de una convocatoria para la conversión de los campus universitarios en Campus de Excelencia Internacional (CEI). Durante el año 2009 salió la primera convocatoria, la cual tenía como finalidad identificar aquellas universidades españolas que cumplían los criterios de calidad necesarios para entrar en un selecto club de instituciones donde ya algunas de las mejores universidades de Francia y Alemania. Este año, ha abierto una segunda convocatoria que acabará de definir los no más de diez proyectos, entre los que naturalmente hay encuentran las principales (por grandes) universidades del Estado.

Pero, ¿qué entendemos por «excelencia»? La dificultad de medir las cualidades se hace especialmente patente en este caso. Son excelentes aquellas universidades que producen mucho o aquellas que son más eficientes? Puede ser excelente una universidad pequeña como la UdG? Parece que después de dos convocatorias no hay respuestas inequívocas para estas preguntas. En cualquier caso, el trasfondo de estas convocatorias sí parece más claro y está teñido de política universitaria en mayúsculas, la que pide agregación entre instituciones, identificación de sinergias, optimización de recursos y, sobre todo, especialización. En cualquier caso, exigir la excelencia en las universidades en un entorno económico fuertemente restrictivo, por no decir regresivo, es paradójico, pero también un gran reto. A pesar de que, por su definición y objetivos, los CEI no estén pensados para las universidades más pequeñas, debemos reconocer que estas convocatorias han servido, al menos, para remover profundamente el sistema universitario. Nunca antes los rankings y las valoraciones numéricas de las universidades no habían sido tan finamente analizados, ni nunca antes las posiciones de las universidades en los diferentes ámbitos e ítems medidos no habían tomado tanto valor. Incluso el nuevo modelo de financiación de las universidades públicas catalanas que hay ahora mismo sobre la mesa propone una amplia fracción variable en función de la producción y la eficiencia. De alguna manera, estos rankings, que miden aspectos tan básicos como la productividad científica, el número de tesis leídas por PDI o el número de tramos docentes, se convertirán en el faro guía de las políticas de muchas universidades, particularmente aquellas que consideran su situación como «objetivamente mejorable». Pero seríamos jugadores de regate corto y nos equivocaríamos si las acciones de gobierno fueran dirigidas a corregir las deficiencias evidenciadas por estas clasificaciones. Las universidades han de perseguir la excelencia a través de políticas a largo plazo, bien consensuadas por la comunidad universitaria y que sean suficientemente firmes para sobrevivir a los mandatos sucesivos de diferentes rectoras o rectores.

En este sentido, la UdG ha participado en las dos convocatorias, convencida de que eran una oportunidad única para delinear su futuro, para encontrar y mostrar sus singularidades y para iniciar un camino que es absolutamente necesario si queremos ser una universidad de calidad en docencia, investigación y transferencia. Este camino nos ha servir para seguir siendo excelentes a través de la atracción de talento, de una oferta de grados y másteres que gane prestigio año tras año, de una investigación puntera y en sintonía con la sociedad, de una apuesta firme por la internacionalización y de la construcción de un campus de calidad, con buenos servicios, buena accesibilidad y espacios de calidad. Por ello se necesita la implicación de las instituciones más cercanas y muy probablemente la asociación con universidades cercanas no sólo geográficamente sino también en los valores y objetivos.

En la primera fase ya demostramos que somos fuertes en internacionalización, en adaptación al EEES y en proyectos de incorporación de centros de FP en nuestro campus. Todo ello con el agua como elemento transversal de singularidad hacia otros universidades similares. En esta segunda convocatoria, la UdG ha encontrado una fuerte complementariedad con la Universidad de las Illes Balears en aspectos relacionados con la sostenibilidad turística y el agua, se ha tenido la oportunidad de presentar en la segunda fase un proyecto conjunto, aún más ambicioso, en el que el Polo transfronterizo de Investigación y Enseñanza Superior (PRES) tiene un papel fundamental. De esta manera, la UdG ha jugado la carta de la agregación a dos bandas, Islas Baleares y Francia, lo que sirve para dibujar dos ejes que nos hagan mejores ya la vez nos distingan del resto, por un lado, sostenibilidad turística y agua, y de la otra, internacionalidad a través del acuerdo PRESO firmado este año entre la UdG, la UdL y la UIB y las universidades de Perpiñán (UPVD) y de París VI (UPMC), esta última por medio de su Observatorio Oceanográfico de Banyuls sur Mer. A través de la participación en las convocatorias de CEI, la UdG ha hecho un ejercicio de introspección que se ha visto oportunamente complementado por el proyecto UdG2020, una iniciativa impulsada por el Rectorado que invita a pensar en clave estratégica la universidad que queremos ser dentro de diez años a partir de los elementos que tenemos actualmente y de las tendencias observables. Los tiempos de las universidades pequeñas y «generalistas» se está acabando. Las nuevas políticas de gestión y optimización de recursos humanos y de programación de titulaciones irán aflorando poco a poco y en este escenario sólo las universidades especializadas o con fuertes singularidades prevalecerán. Cuando leáis esto ya se habrá resuelto la segunda fase de la convocatoria CEI y la suerte de la UdG en esta aventura ya estará decidida. De todas formas, el esfuerzo habrá valido la pena porque, sea cual sea el resultado, la UdG ya ha salido ganando.


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