ESP | CAT | ENG

La economía del agua


El nuestro es un país escaso en agua. Proponer nuevas fórmulas de ahorro es de gran importancia, sobre todo en agricultura, porque esta consume el setenta por ciento del agua disponible para el consumo humano.

Cuando una empresa quiebra hay que dividir lo que vale entre los acreedores. El hecho de que algunos tienen más derechos que otros parece indiscutible y determina el reparto. Los economistas observan la regla y quieren aplicar la lección a la gestión del agua de riego.

Es una nueva línea de investigación en la cual participan Renan Goetz y Àngels Xabadia, del Departamento de Economía, y Joan Pujol, del Departamento de Ingeniería Química, Agraria y Tecnología Agroalimentaria, todos ellos de la UdG. Goetz explica que con el reparto del agua entre los agricultores pasa, como en las quiebras, que unos tienen más derechos que otros. Son derechos adquiridos en relación con la superficie que deben regar o los cultivos que practican. En un país como el nuestro, donde la demanda de agua provoca una gran presión sobre los recursos hídricos, proponer nuevas fórmulas de ahorro es de gran importancia, sobre todo en agricultura, porque esta consume el setenta por ciento del agua disponible para el consumo humano.

La asignación del agua

Los tres profesores de la UdG trabajan con datos reales que convierten en modelos econométricos y biofísicos gracias a las matemáticas. El estudio se desarrolla en el marco del proyecto interuniversitario ECORIEGO, dedicado a la economía del agua de riego. La especialidad que practican nació en la década de los años noventa y persigue, entre otros fines, enseñar a asignar de manera razonable recursos escasos como el agua, el precio de la cual, resulta indiferente a la oferta y la demanda. Los expertos consideran que es posible mejorar el rendimiento del agua en un treinta o un cuarenta por ciento cuando hay escasez, es decir, en periodos de sequía, porque «las economías se consiguen cuando el bien es más escaso». En el modelo habitual de asignación, el agua se entrega por hectárea, con independencia de si se hace un buen uso o no. Los muestreos con que se trabaja parecen indicar que las técnicas de riego actuales son heterogéneas y, en un grado elevado, ineficientes, sobre todo en el riego por superficie, que es muy exigente en agua. Lo que sugieren los investigadores es que el agricultor manifieste cuánta agua necesita realmente, a la vez que establece un programa de incentivos para que diga la verdad. Pero la gestión hídrica de los cultivos es muy compleja y no siempre es fácil conocer las necesidades reales. El modelo propone que, cuanto mayor sea el exceso de agua que resulta de la ecuación entre el valor de la demanda del agricultor y el de las necesidades reales de los cultivos que practica, más atrás estará en la cola de asignación agua. En cambio, los que vayan con más tiento entre la demanda y la necesidad real pasarán delante. Claro, la presión para decir la verdad la introduce la evidencia de que no habrá suficiente agua para cubrir todas las demandas. Xabadia, Goetz y Pujol reconocen que la propuesta que hacen puede crear tensiones, pero si el escenario es de escasez les será necesario adaptarse. De hecho, en cuanto a la respuesta de los agricultores, los investigadores se mueven en el terreno de la especulación, porque los cálculos no se han presentado a las comunidades de regantes, que, en último término, para aplicarlos, los deberían aprobar.


País escaso de agua

La impresión general de los expertos es que la península Ibérica es un territorio con un gran desequilibrio entre demanda y oferta, que sólo se puede resolver con una buena gestión. Aparte del balance entre oferta y demanda hay estudios que incluyen también la cantidad de agua que utilizan los productos agrícolas exportados e importados, que ha sido definida como la «huella hídrica». La consideración de la huella hídrica permite evaluar si la producción agrícola es sostenible a largo plazo, tanto para una región o una nación como a escala global. Respecto de la buena gestión, los economistas advierten que mientras el agua consumida procede del ciclo natural el cálculo de costes es sencillo. Sin embargo, cuando ha sido necesario construir embalses para almacenarla y canales para redistribuirla, los cálculos se vuelven mucho más complejos. Además, indican que el dinero que se invierte para almacenar y distribuir el agua deja de estar disponible para otros usos que también pueden ser necesarios. Proponen la leche que se produce en la Cornisa Cantábrica como un ejemplo de ciclo productivo más natural, en cambio la fruta y la verdura mediterráneas representan la otra cara de la moneda, porque para producirlas se necesitan inversiones añadidas al ciclo del agua. Los investigadores advierten que, en la coyuntura actual, no se tienen en cuenta una parte de los costes del agua, lo que hace difícil encontrar el equilibrio entre la demanda y la oferta. La toma en consideración de todos los costes «permitiría encontrar el verdadero equilibrio y, por tanto, reducir la huella hídrica y abrir la gestión del agua hacia un camino más sostenible», aseguran.


Puntuación
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars
no hay comentarios Síguenos en facebook y en twitter

Deja un comentario

Proyecto financiado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en el marco del Programa Campus de Excelencia Internacional

Universitat de les Illes Balears ⋅ Ctra. de Valldemossa, km 7.5 ⋅ Palma ⋅ 07122 Illes Balears ⋅ Tel: +34 971 173 000
Universitat de Girona - Campus e-MTA ⋅ Parc Científic i Tecnològic, Edifici Casademont ⋅ C. Pic de Peguera, 15, ⋅ 17003 Girona Tel. 972 419 678
CSIC. Serrano, 117 ⋅ 28006 Madrid ⋅ Tel: +34 914 113 077
Institut Català de Recerca de l’Aigua (ICRA)Edifici H2O - Parc Científic i Tecnològic de la Universitat de Girona. Emili Grahit 101- 17003 Girona

2012 © e-MTA Campus Euromediterráneo del Turismo y el Agua AVISO LEGAL| MAPA WEB
iglesiesassociats